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miércoles, 22 de febrero de 2012

John Nash, un criptógrafo maravilloso

El nombre de John Forbes Nash no le es conocido a mucha gente.  Pero mencionen la película Una Mente Maravillosa, que narra su vida, y verá como la cosa cambia.  Nash fue un genio de las matemáticas.  Especialmente conocidos son sus trabajos sobre la teoría de juegos, que a pesar de su nombre es un campo de estudios muy serio, ya que describe las relaciones humanas, económicas y sociales.  Si algún día alguien desarrolla las matemáticas de la psicohistoria de Asimov, hará bien en comenzar por la obra de Nash.  Precisamente por su trabajo en teoría de juegos, Nash fue galardonado con el premio Nobel de Economía en 1994.

En Una Mente Maravillosa, Nash (interpretado por Russell Crowe) trabaja para la inteligencia norteamericana.  O al menos, eso es lo que él se creía, ya que todo era un producto de su mente: Nash sufría de esquizofrenia. Lo que no sabíamos hasta ahora es que, en su momento, Nash intentó entrar en el campo de la criptografía.  Unas cartas que escribió a la Agencia de Seguridad Nacional norteamericana (NSA) han sido recientemente desclasificadas.  La propia NSA, quizá buscando publicidad, ha abierto una exhibición sobre Nash en su Museo Criptológico.

Nash escribió algunas cartas de motu propio, es decir, nadie le consultó sobre el tema.  La correspondencia data de 1955, algunos años antes de que sus problemas mentales comenzaran a manifestarse.  Aun así, la carta es, digámoslo así, algo rara.  Está escrita a mano, en papel con el membrete del Departamento de Matemáticas del MIT, y pedía que no le tomasen por un "profesor chiflado" sólo porque no estaba mecanografiada.

En principio, Nash se refiere al cifrado mediante una función matemática que dependa de r dígitos binarios y de un conjunto de bits relativos al texto llano.  En principio (afirma, subrayado) un enemigo que conozca r bits cifrados podría calcular la clave.  Eso me parece una afirmación algo atrevida, pero no seré yo quien se atreva a contradecir al genio.  Lo que afirma Nash es que, si el proceso de calcular la clave es demasiado largo, tendríamos un sistema de cifrado seguro a efectos prácticos.

Es decir, Nash está sugiriendo algo que ahora se usa en criptografía de clave pública: usar un problema matemático cuya resolución, aunque posible en la práctica, lleve demasiado tiempo.  Afirma a continuación que se podría clasificar los sistemas de cifrado en virtud de su complejidad matemática, es decir, por cómo aumenta la dificultad de recuperar la clave cuando aumentamos el tamaño de ésta.  Lo ideal sería un sistema cuya resistencia aumentara exponencialmente con la clave.  Un ejemplo podría ser el PIN de una tarjeta de crédito: poner un dígito más aumentaría en diez su resistencia frente a ataques de fuerza bruta.

Nash se atreve a afirmar que, cuando los sistemas de cifrado alcance un nive de complejidad exponencial, el criptoanálisis se convertiría en una cosa del pasado; cosa que él mismo reconoce que no puede demostrar.  Y en este punto es donde la cosa se pone interesante, ya que pasa a decir que:

Creo que la máquina de cifrado y descifrado que he inventado e hice transmitir a la N.S.A. por medio de [la corporación] RAND tiene esta propiedad de "irrompible."

Si eso es cierto, eso significa que hubo contacto previo entre la NSA y Nash, hasta el punto de que éste trabajó en una máquina de cifrado, al menos sobre el papel.  En efecto, la carta de respuesta de la NSA incluye una referencia a una interesante discusión [de algunos técnicos de la NSA] con usted hará cuatro años.  Eso era 1951, el año en que Nash escribía "Non-cooperative games" en la revista Annals of Mathematics, en la cúspide de su carrera.  Como anécdota, hay que decir que Nash incluyó una copia de ese artículo en su carta a la NSA, con objeto de que sirviera de "carta de presentación." La documentación interna de la NSA lo refleja así: El autor también incluyó un interesante panfleto sobre Juegos No-Cooperativos, escrito por el Sr. Nash, para nuestra información.

La descripción del sistema criptográfico de Nash aparece en la documentación que la NSA acaba de hacer público es, a mis ojos, un galimatías.  Eso no significa que sea un mal sistema, sino que yo no lo entiendo.  Para ser más correcto, no sé si el sistema que describe es criptográficamente resistente.  El criptoanalista Ronald Rivest (la R de RSA) recientemente publicó el algoritmo de Nash como ejercicio para sus alumnos.  Si le interesa, aquí tiene una copia en Python.  Según Rivest, es un sistema de flujo (stream cypher).  Si funciona bien, sería muy interesante, ya que es muy difícil hacer un algoritmo de cifrado en flujo que carezca de debilidades.  El propio Rivest, no obstante, advierte a sus alumnos -y a nosotros, de paso- que esta tarea es problema abierto ... ni nosotros mismos sabemos la respuesta a la pregunta.

Por supuesto, la pregunta a que se refiere es: ¿funciona el sistema de Nash?   Porque hay un problema: la NSA lo rechazó.  En una carta al autor, se le informa de que los principios criptográficos de su sistema, aunque ingeniosos, no cumplen los requisitos de seguridad necesarios para aplicaciones oficiales.  En un memorandum interno de la NSA (no enviado a Nash, por supuesto), se detalla algo más sobre el sistema de cifrado de Nash: solamente proporciona una seguridad limitada, y requiere una cantidad de equipo comparativamente grande. El principio no se usaría por sí mismo en su forma actual y se considera improbable que haya modificaciones o extensiones adecuadas, a menos que pudiera ser usado en conjunción con otros principios de auto-clave.  La referencia a auto-clave (auto-key) es un sistema mediante el cual el propio mensaje también hace de clave.

Visto lo visto, y considerando la capacidad intelectual que tenía John Nash, estoy deseando que los criptoanalistas profesionales se pongan a destripar este sistema de cifrado. Si hace casi setenta años Nash ya bosquejaba los inicios de la criptografía basada en la complejidad computacional, quién otras sorpresas nos esperan.  ¿Una mente maravillosa?  Puedes apostar a que sí.

jueves, 9 de febrero de 2012

No hay perdón para Alan Turing

Después de sesenta años, el criptoanalista Alan Turing sigue condenado por indecencia mayor.  Una petición popular de indulto ha sido recientemente rechazada por el gobierno británico.

Seguro que cualquiera que haya estudiado informática habrá oído hablar de Alan Turing.  Quizán no sepan de la vida y milagros de este talento matemático, pero seguro que conocen el test de Turing y la máquina de Turing.  Puede que algunos pocos sepan de su papel como criptoanalista durante la Segunda Guerra Mundial.  Y muy pocos sabrán en qué circunstancias halló la muerte.

Alan Matheson Turing nació en 1912.  Su talento para las matemáticas le permitió graduarse con honores en el King´s College de Londres.  Pronto se centró en el conocido como "problema de decisión" (Entscheidungsproblem).  Propuesto por el matemático David Hilbert en 1928, este problema consistía en determinar si existe un algoritmo, o cadena de pasos lógicos, que permita determinar si una afirmación es verdadera o falsa; dicho de otro modo.  Turing atacó el problema imaginando una máquina calculadora capaz de resolver cualquier problema matemático.  Por medio del concepto de máquina (universal) de Turing consiguió demostrar que la respuesta es negativa.  No hay máquinas capaces de resolver cualquier problema, y no hay forma de demostrar todas las afirmaciones.   Algunas preguntas no tienen respuesta posible.

Turing intentó imaginar cómo podría ser su máquina conceptual, pero la Segunda Guerra Mundial le obligó a posponer su trabajo en ordenadores.  Su capacidad matemática le llevó a la Government Code & Cipher School (GC&CS), una instalación secreta del gobierno ubicada en Bletchley Park y pensada para romper los códigos secretos alemanes.  Junto a Dilly Knox, comenzó a trabajar en el problema de la máquina Enigma usada por las fuerzas armadas alemanas.  En aquellos tiempos, el grupo de criptoanalistas polacos de Marian Rejewski ya había dominado ese tema, pero los ingleses todavía no lo sabían, y el "Tratado de Turing sobre la Enigma" (conocido como "el libro del Profe") fue el "manual" no oficial sobre cómo destripar los códigos Enigma.

Los logros de Alan Turing en el campo del criptoanálisis son enormes, y nos llevaría mucho tiempo detallarlos.  Baste decir que su trabajo fue de enorme importancia.  Desarrolló un invento llamado "bomba," un dispositivo mecánico que permitía obtener las claves Enigma, y dedujo el complicado sistema de indicadores para ajustar la Enigma naval, mucho más difícil que la militar.  Incluso en un lugar tan lleno de talento como Bletchley Park, Turing destacada sobre los demás.  Era un gigante entre los grandes.  La importancia que tenía en aquellos momentos el centro de descifrado queda ejemplarizada con una conocida anécdota.  En octubre de 1941, hartos de trabas burocráticas, Turing y otros tres criptoanalistas (Welchman, Alexander y Milner-Barry) puentearon los canales oficiales y enviaron una carta al primer ministro contándole los problemas que estaban teniendo.  Churchill, que tenía en alta estima a sus "gansos que ponían huevos de oro y nunca cacareaban," tomó cartas en el asunto, y en un memorándum a su asesor militar dictó una famosa Orden del Día:

Asegúrese de que tengan todo lo que quieran, con prioridad extrema, e infórmeme de que se haya hecho así

... y me permito recordar al lector que, con una guerra en múltiples frentes y la propia supervivencia del país en juego, "prioridad extrema" son palabras mayores.

Terminada la guerra, Turing se dedicó al diseño del que sería su "maquina Universal" hecha realidad, el ACE (Automatic Computing Engine). Entre sus muchos logros, encuentro en la Wikipedia que fue él quien desarrolló un método de resolución de matrices denominado "descomposición LU," y que yo utilizo en mi trabajo de simulación científica (Moe, código fuente).

Pero todos los logros de Turing fueron inútiles para ayudarle en lo que se le venía encima.  Resulta que era homosexual, y eso no solamente lo convertía en un peligro de seguridad (por los riesgos de chantaje) sino que además era ilegal.  Los superiores de Turing durante la guerra, o no sabían de su condición, o miraron para otro lado.  Pero en 1952, la cosa cambió.  En enero, la casa de Turing fue asaltada, y el ladrón resultó ser un amigo Alan Murray, que vivía con Turing.  Éste fue a dar parte del robo a la policía, y casi sin darle importancia reconoció que tenía una aventura con el tal Murra.  Tal como relata Stephen Budiansky en Battle of Wits, "buscar ladrones era un trabajo duro, pero procesar a gente que entra en la comisaría de policía y ofrece una confesión era fácil.

¿Y qué delito había cometido Alan Turing?  Indecencia mayor, un delito reflejado en la ley penal de entonces.  No importaba que fuese una ley de la era victoriana (1885, nada menos).  En lugar de molestarse en buscar al ladrón, Turing se convirtió en la víctima.  El gobierno británico tardó poco en retirarle la acreditación de seguridad, en un movimiento que recuerda vagamente al de Oppenheimer, el padre de la bomba atómica, apartado de su cargo tras la guerra por pretendidas simpatías comunistas.  Turing fue retirado de su trabajo con ordenadores, se le prohibió continuar sus labores de consultoría con el GCHQ (Government Communications HeadQuarters, sucesor del GC&CS), y solamente se libró de una condena de dos años de cárcel a cambio de someterse a una terapia hormonal (un modo de castración química, en realidad).  Tras dos años de profunda depresión, el 7 de junio de 1954 mordió una manzana impregnada en cianuro y se suicidó.  Tenía cuarenta y dos años.

El hombre que en 1999 fue escogido por la revista Time como una de las cien personas más importantes del siglo XX hizo una contribución invalorable al esfuerzo de guerra aliado.  Su nombre es mítico en el mundo de la informática, y 2012 ha sido declarado Año de Alan Turing en Inglaterra.  Incluso le acaban de dedicar un sello de correos.  Pero, a pesar de ello, sigue pesando sobre él la losa de esa condena por "indecencia mayor."  El 10 de septiembre de 2009, tras una campaña pública, el primer ministro Gordon Brown realizó una declaración de disculpa:

"Su tratamiento fue, por supuesto, de lo más injusto, y me alegro de tener esta oportunidad para decir lo profundamente que lamento lo que le ocurrió ... Es gracias a ... gente como Alan Turing que los horrores del Holocausto y de la guerra total son parte de la historia de Europa, y no de su presente. En nombre del gobierno británico, y de todos aquellos que viven libres gracias al trabajo de Alan, me siento orgulloso de decir: lo sentimos, se merecía usted algo mejor"

Pero a pesar de ello, mucha gente consideraba que Alan Turing debía ser reivindicado de forma más formal, mediante un indulto póstumo.  Parece lo mismo, pero hay matices importantes.  Una disculpa (apology) era una forma de decir "perdón, le tratamos mal," y un indulto (pardon) es algo así como "usted no hizo nada malo."  Cuando la disculpa de Gordon Brown, hubo quien pensó que había que pedir disculpas a Turing por lo mal que lo trataron, pero que realmente se le condenó por una ley vigente en su epoca.

Y así acaba de suceder.  Una reciente petición de indulto admitida a trámite en la Cámara de los Lores acaba de ser rechazada por el gobierno británico.  Los motivos aducidos por el ministro de Estado son estos:

"No se consideró un indulto póstumo, ya que Alan Turing fue condenado por lo que en aquel tiempo era una ofensa penal.  Debía haber sabido que su delito era contra la ley y que sería procesado.  Es trágico que Alan Turing fuera condenado por un delito que ahora parece tanto cruel como absurdo, particularmente si tenemos en cuenta su sobresaliente contribución al esfuerzo de guerra.  Sin embargo, la ley de aquellos tiempos exigía un procesamiento, y la política al respecto ha sido siempre aceptar que tales condenas tuvieron lugar, en lugar de intentar alterar el contexto histórico"

Lo triste del asunto es que, técnicamente, el señor Lord tiene razón.  Turing fue juzgado y condenado por leyes vigentes en aquel momento.  Pero según ese razonamiento, también deberíamos aceptar la validez el Holocausto judío porque era legal según las leyes alemanas de la época.  Todavía tenemos los españoles el sambenito de bárbaros incivilizados por la herencia de la Inquisición ... que también actuó legalmente en su momento.  Que una ley sea legítima no la hace necesariamente justa.

¿Revisionismo histórico?  No, señores.  Justicia.  Pura y simple justicia.

sábado, 29 de enero de 2011

El último código del almirante Canaris

Estamos en Febrero de 1945.  Los ejércitos aliados, por Este y Oeste, penetran en Alemania.  El Tercer Reich, al que le quedan pocas semanas de vida, comienza a devorarse a sí mismo.  Miles de civiles y militares de todos los rangos languidecen en cárceles de las SS, a la espera de su ejecución.  Uno de ellos fue en su momento uno de los hombres más importantes de los servicios de espionaje alemán.  Su nombre era Wilhelm Canaris.  Su graduación, almirante.  Su crimen, no ser nazi.

En las fotografías que nos han llegado, podemos ver al almirante Canaris como un hombre de porte aristocrático, cabello plateado, ojos francos, mirada penetrante, aspecto de caballero.  Este hombre nunca mandó flotas al combate, pero durante la Primera Guerra Mundial fue oficial en el crucero Dresden.  Hundido su buque en el Atlántico Sur, Canaris se las arregló para escapar de su exilio chileno y volver a Alemania, toda una odisea digna de una película.

Pero no es ese el motivo por el que pasó a la historia.  Cuando Hitler llegó al poder, puso a Canaris al mando del Abwehr, el servicio de inteligencia militar del ejército alemán.  A pesar de ello, Canaris no era nazi.  Durante años, tuvo que pelear constantemente con Himmler, Heydrich y otros altos mandos de la SS, que pretendían que el Abwehr se integrase en sus estructuras de espionaje.  Según parece, maniobró no sólo para evitar la nazificación de su oficina, sino que también llegó a maniobrar en contra de los planes de Hitler.

Muy conocedor de España, donde conocía el idioma y tenía muchos amigos (fue un elemento clave en el apoyo alemán a Franco durante la Guerra Civil), fue enviado por Hitler para convencer a Franco de que entrase en la guerra mundial del lado alemán.  Canaris, por el contrario,  y contraviniendo sus órdenes iniciales, le aconsejó que se mantuviera al margen de la guerra, y le proporcionó los argumentos que podría esgrimir.  Franco utilizó esos y otros argumentos tan magistralmente que, tras la conferencia de Hendaya, dicen que Hitler dijo a uno de sus colaboradores: "antes que volver a hablar con [Franco], prefiero dejarme arrancar las muelas."  Según un biógrafo de Canaris, el propio Franco dio instrucciones para que la viuda de Canaris, Erika recibiera una pensión tras la Guerra Mundial, durante al menos diez años; dicen que incluso Erika Canaris vivió en España durante ese tiempo (este punto no lo puedo confirmar).

A la postre, las opiniones antinazis (o, como mínimo, no nazis) de Canaris le abocaron a la caída. A comienzos de 1944, Himmler consiguió aprovechar un escándalo en el que estaban involucrador miembros de la Abwehr para acabar con este servicio; sus oficinas y hombres engrosaron la Oficina Central de Seguridad del Reich (RHSA), dependiente de las SS.  A Canaris se le detuvo e investigó.  Irónicamente, se cree que el propio Himmler había conseguido que el almirante fuese exonerado de responsabilidad en el intento de asesinato contra Hitler en julio de 1944.  ¿El motivo?  Himmler no era tonto, y creyó que podría utilizar los canales de comunicación que Canaris tenía con los británicos, bien para lograr la paz, bien para reemplazar eventualmente al propio Führer.

Pero la suerte no duró para siempre.  En Febrero de 1945, después de meses de interrogatorios, Canaris esperaba su destino en el campo de prisioneros de Flossenburg.  Ocupaba la celda 22.  En la 21 estaba un colega de profesión: el capitán Lunding, en su momento jefe de la inteligencia danesa.  Los dos espías lograron comunicarse, y para ello improvisaron un código.  En realidad, se trata de un código secreto muy antiguo, denominado cuadrado de Polibio.  Se trata de colocar las letras del alfabeto en una rejilla cuadrada, de la siguiente forma:

  1 2 3 4 5
1 A F L Q V
2 B G M R W
3 C H N S X
4 D I O T Y
5 E K P U Z

Cada letra se convertía en dos números, uno que indicaba la línea y otro la columna.  Igual que en el juego de guerra de barcos, sólo que aquí el "A-5 agua" se convertía en "2,3, una M"  Su nombre proviene del escritor griego Polibio, quien describió este sistema, aunque con algunas diferencias.  Por ejemplo, su método de transmisión usaba antorchas, y su cuadrado es traspuesto al mostrado aquí, es decir, sustituye filas por columnas, pero las diferencias no son importantes.

Resulta, a primera vista, extraño que dos personas consigan acordar un sistema de cifrado sin verse siquiera las caras, pero no resulta tan sorprendente.  Canaris y Lunding eran jefes de espías, y tenían mucho tiempo libre en sus celdas.  No creo que les resultase difícil dar con un sistema de cifra sencillo de usar, que aunque fuese criptográficamente débil permitiese al menos una comunicación privada.  No creo que ninguno de sus guardianes de las SS supiese quién era ese tal Polibio.

Posteriormente, Lunding desvelaría que sus charlas con Canaris le daban la impresión de que, de alguna forma, el almirante confiaba en una posible salvación.  Claro que aún no habían aparecido pruebas concluyentes en su contra.  Cuando dichas pruebas aparecieron, Canaris fue juzgado sumarísimamente, y encontrado culpable.  El último mensaje a Lunding decía: Muero por mi Patria.  Tengo la conciencia limpia.  Era mi deber, por mi país, intentar enfrentarme a la locura criminal de un Hitler que ha llevado a Alemania a la destrucción.  Cuida de mi mujer y de mis hijas.
El día siguiente, 9 de Abril, Canaris fue ejecutado.  Aquella misma tarde, el estruendo de la artillería aliada les recordó a los guardianes de Flossenbeug que la guerra estaba perdida.  Un mes después, Alemania capituló.

martes, 28 de diciembre de 2010

Descifrado en tan sólo siglo y medio

Este es el primer mensaje del nuevo blog Taller de Criptografía.  El segundo, en realidad, después del mensaje de prueba.  A decir verdad, debo confesar que es el tercero, ya que me he pasado un buen rato escribiendo este post ... y al final, resulta que le doy al botón equivocado y se borra tontamente.  Parece una mala broma de Inocentes.  Vamos allí, y a la tercera dará la vencida.

Nos vamos a la sureña ciudad de Richmond, en Virginia.  Allí, en la que fue residencia del presidente confederado Jefferson Davies, se encuentra el Museo de la Confederación (MoC).  Si la bandera que ondeaba sobre la estación de Atlanta en Lo que el Viento se Llevó existió de verdad, es muy probable que sea en el MoC donde se encuentre.  Se remonta a las asociaciones confederadas memoriales (asociaciones de la memoria histórica, diríamos hoy) que se fundaron justo al final de la Guerra de Secesión.  En 1896 abrió sus puertas oficialmente, lo que significó que muchos excombatientes pudieron entregar objetos relativos a la guerra.  Entre ellos se encontraba el capitán William A. Smith, quien entregó una pequeña botellita de unos cinco centímetros de longitud, que contenía una bala calibre 38 y una nota cuidadosamente plegada.  Durante más de cien años permaneció sin abrir, hasta que la administradora de colecciones del museo, Catherine Wright, decidió abrirlo.  En su interior apareció un mensaje confederado, cifrado.  Según la señora Wright, un ex-agente de la CIA tardó dos semanas en descifrarlo.  Un criptógrafo de la Armada confirmó el resultado.

Durante la Guerra Civil americana, las tropas confederadas usaron con frecuencia el cifrado Vigenére.  Los interesados en los aspectos técnicos pueden leer este artículo en el Boletín ENIGMA.  Es un tipo de sustitución polialfabética.  Básicamente, se escoge una clave, que se va "sumando" al texto llano para dar lugar al texto cifrado.  Eso de sumar significa que hacemos como si las letras fuesen números.  Si hacemos B=2 y C=3, entonces B+C=2+3=5=E.

Veamos un ejemplo.  Supongamos que queremos cifrar la frase "bienvenidos al boletin enigma" con la clave BE.

Clave:          BEBEBEBEBEB EB EBEBEBE BEBEBE
Texto llano:    bienvenidos al boletin enigma
Texto cifrado:  DNGSXJPNFTU FN GQQGYKS GSKLOF

Cuenta David Kahn en su Codebreakers que los confederados utilizaron dos claves para sus mensajes: MANCHESTER BLUFF y COMPLETE VICTORY.  En una ocasión, durante el sitio de Vicksburg, las tropas nordistas de Grant capturaron a ocho rebeldes que intentaban entrar en la sitiada ciudad con 200.000 fulminantes para fusil.  Uno de ellos llevaba un criptograma, escrito por el general Johnston (al mando de las tropas sudistas en el Mississippi) para el general Pemberton (al mando de la guarnición de Vicksburg).  El mensaje, cifrado el 25 de Mayo de 1863, preguntaba cuál sería la mejor ruta para acercarse a la ciudad, y cuál es la fuerza del campo enemigo.

Y ahora, el trasfondo histórico.  El asedio de Vicksburg fue una campaña crucial para ambos bandos, puesto que se jugaba el control de la arteria fluvial más importante de Norteamérica, el río Mississippi.  Fue precisamente el 25 de mayo cuando, tras dos asaltos frustrados, Grant decidió sitiar la ciudad y rendirla por hambre y bombardeos.  Las fuerzas sudistas en la zona fueron incapaces de romper el bloqueo.

Aquí es donde entra nuestro capitán Smith.  Adscrito a la División Texas, al mando del general John Walker, fue requerido para enviar un mensaje a Vicksburg. Se le entregó en una pequeña botella en la que también había una bala, sin duda destinada a hacer que el mensaje se hundiera en el río en caso de riesgo de captura.  El mensaje, fechado el 4 de julio de 1863, puede ser criptoanalizado hoy día, pero no es necesario.  Como ya hemos dicho, había solamente dos claves conocidas usadas por la Confederación.  Si intentamos un descifrado con la clave MANCHESTER BLUFF, nos aparece el siguiente mensaje:

GENL PEMBERBON YOU CAN EXPECT NO HELP FROM THIS SIDE

El mensaje completo, traducido y con mis comentarios entre corchetes, es como sigue:

Genl [General] Pemberton: No puede esperar ayuda desde este lado del río.  Haga saber al general Johnston, si es posible, cuándo puede usted atacar el mismo punto en las líneas enemigas.  Infórmeme a  mí también, y procuraré hacer un [ataque de] distracción.  He enviado algunas caps [cápsulas explosivas, o fulminantes].  Le remito un despacho del General Johnston.

Este mensaje ilustra el grado de desesperación a que habían llegado las tropas sureñas, así como su descoordinación.  El remitente le avisa del envío de unos fulminantes que ya habían sido interceptados por los nordistas más de un mes atrás.  Más significativa resulta la fecha del mensaje: 4 de julio de 1863.  Ese mismo día, el general Pemberton rindió la plaza de Vicksburg.  Sus hombres fueron autorizados a volver a las líneas del Sur, bajo promesa de no volver a alzarse en armas.  Con la caída de Port Hudson el día 9, el Mississippi cayó bajo el control del Norte; la victoria nordista de Gettysburg, conseguida el día 3, acabó decantando la guerra a favor del Norte.

No resulta difícil reconstruir lo que sucedió con el capitán Smith.  Sea porque llegó a la ciudad y vio la bandera de la Unión ondeando, sea porque se encontró con los soldados sudistas retirándose a sus líneas, de algún modo se enteró de que el sitio de Vicksburg había terminado.  El mensaje que llevaba, escrito  mientras sucedían las derrotas de Vicksburg y Gettysburg, ya no tenía sentido.  Así que nuestro buen capitán se dio la vuelta, guardó el mensaje como recuerdo, y años después lo donó al museo de la confederación, ubicado en la que una vez fue "Casa Blanca" sureña.  El resto, como suele decirse, es historia.